29 mayo, 2010

De donde surge la idea de trabajar con los indígenas, sus costumbres, el mal trato que sufrieron.

Recuerdo que en mi niñez vivía con mi familia en el Estado Falcón, viajábamos constantemente al Zulia a reunirnos con el resto de la familia, desde ahí realizábamos viajes a Colombia, en ese trayecto teníamos contacto con los indios Guajiros, estos me impresionaban mucho por sus costumbres tan diferentes a las nuestras; su vestimenta era extraña, las mujeres lucían grandes mantas, calzaban alpargatas con enormes borlas de estambre de colores muy llamativos, llevaban la cabeza cubierta; en tanto que los hombres usaban solo un tapa rabo, su desnudez me impresionaba por lo que hacía muchas preguntas al respecto. Su expresión oral era distinta a la nuestra, hablaban un dialecto raro, usaban un tono de voz alto, parecía que peleaban entre sí; viajaban en camiones muy coloridos - llamados chirrincheras - transformados en una especie de autobús muy rustico y cubierto, misterioso; no se podía saber que pasaba dentro de ese transporte improvisado, eso despertaba mi curiosidad y quería saber más de ellos. Algunas veces hacíamos un trayecto en donde íbamos en caravana con ellos y de repente se desviaban por inesperados caminos, dejando tras de sí una estela de polvo y nada más, nadie sabía dónde iban, solo se perdían en el tremedal.

Por otro lado notaba como en las alcabalas las autoridades los trataban mal, los humillaban, obligaban a las mujeres a levantarse su vestimenta para ver si llevaban contrabando; ellas se indignaban y peleaban contra las autoridades, esto ocasionaba unas diatribas interminables que yo observaba con gran atención. Algunas veces, lograba ver como ellas ocultaban gran cantidad de cosas debajo de la ropa, que luego eran decomisaban en las requisas. Este mal trato me incomodaba y me hacía defenderlos; durante todo el viaje hacía gran cantidad de preguntas que muchas veces quedaban sin respuesta, sin embargo, de alguna manera se me había inculcado que me protegiera de los Guajiros ya que podían hacerme daño; recuerdo que me debatía entre dos situaciones opuestas, el sentir que se estaba cometiendo una injusticia contra un grupo de personas ajenas a mí, a quienes me provocaba defender, aunque me dijeran que debía temerles; en fin no les temía, los sentía indefensos ante el abuso de poder de las autoridades, notaba además el desprecio de las demás personas hacia ellos, sentía que merecían mi respeto y los defendía.

Más adelante cuando fui a vivir a la ciudad de Cagua, en el estado Aragua, me encontré con el cerro El Empalao, comencé a indagar sobre su denominación y fue muy poca la información recibida, solo dicen que en ese lugar los españoles empalaban a los indígenas tiempo atrás, esto despertó nuevamente en mí el deseo de saber más sobre nuestros orígenes, como éramos en la época precolombina, el encuentro de esas dos culturas, la reacción de ambos grupos y muchas otras interrogantes.

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