01 agosto, 2010

El Chamanismo

Los pueblos americanos eran profundamente religiosos, y los sacerdotes y chamanes ocupaban un lugar importante en la sociedad, ellos realizaban diversas curaciones a los miembros de su comunidad. Las creencias y prácticas religiosas de los indígenas americanos eran muy variadas. Los pueblos mexicanos y andinos, los del suroeste, sureste y algunos grupos de la costa del Pacífico de Norteamérica disponían de jefes religiosos que ocupaban todo su tiempo en las tareas propias de su cargo, así como de templos o edificios dedicados a la adoración de sus respectivos dioses. Los pueblos de otras regiones tenían sacerdotes que desempeñaban esta actividad durante parte de su tiempo y por lo general carecían de templos permanentes. Los sacerdotes de medio tiempo y los chamanes o curanderos aprendían a dirigir las ceremonias ayudando a los más ancianos; en las culturas más importantes, los sacerdotes recibían su formación en escuelas anexas a los templos.

Algunas actividades y creencias de los Indígenas Americanos


Cuenco mágico para diagnosticar enfermedades, los chamanes lo llenan de agua y en él dejan flotar objetos;  según el movimiento de los mismos, prescriben la cura.
La mayoría de los grupos indígenas creía en una fuerza espiritual como origen de toda la vida. En muchas áreas del continente americano, la fuerza divina se plasmaba de diversas formas: como luz y fuerza de vida, centrada en el Sol; como fertilidad y poder, ubicada en la Tierra; como sabiduría y poder de los dirigentes terrenales, reflejada en ciertas criaturas como el jaguar, el oso o las serpientes. En la mayor parte de América, los devotos religiosos potenciaban sus facultades de percepción de la divinidad utilizando a veces plantas alucinógenas, como el peyote, o en ocasiones ayunando y entonando canciones hasta alcanzar visiones espirituales.

Los indígenas americanos creían que el alma de los difuntos viajaba a otra parte del Universo, donde disfrutaba de una existencia placentera mientras que desarrollaba las actividades cotidianas. El alma de las personas desdichadas o perversas vagaba por los alrededores de sus antiguas viviendas, provocando desgracias. Muchos pueblos indígenas celebraban una ceremonia conmemorativa anual en recuerdo de sus parientes difuntos; en Latinoamérica esta celebración se fusionó más tarde con la festividad cristiana del Día de los Difuntos.Existen referencias de estos rituales en la Mitología azteca, Mitología maya así como en la Mitología inca.

12 julio, 2010

Pisando firme. MOV



Juego con mi sombra vertical, mis manos dibujan fantasías en el sendero, arañando sombras, así soporto el candente sol cenit.

DERRAME PETROLERO 4.MOV



Cansada de mi vuelo encuentro un lago tranquilo, descenderé ahí para reposar. ¡Oh no! es un lugar tóxico.

La grieta de la tierra en el fondo del mar

http://www.facebook.com/?ref=home#!/notes/zulay-castaneda/la-grieta-de-la-tierra-en-el-fondo-del-mar/415346578605
Alguien un día me dijo:
_. ¿Quieres conocer la grieta impresionante que tiene La Tierra?
_. ¡Si, dónde está?
_. Tenemos que bajar al fondo del mar y ahí la veremos.
Inmediatamente nos dispusimos a bajar y llegamos a un lugar donde unos hombres trabajaban sin distraerse ante nuestra presencia, era un sitio extremadamente caliente, insoportable, había que correr porque corría todo ácido por encima de los pies, pasadizos inhóspitos, "seres no humanos" horribles y despiadados, el castigo, el martirio y el tedio. Traté de aligerar la vista y me fijé en algo rojo, incandescente, y pregunté:
_. ¿Qué es eso?
.- ¡Es la grieta de la tierra! Contestó alguien.
Entretanto volteé hacia otro lado y vi algo aterrador, espantoso, espantífero diría yo, tremebundo, no hay sensación igual. Se trataba de una mujer a la cual, estando viva aún, la partían en dos mitades, a lo largo de todo su tronco, en canal, como a una res, y luego colgaban cada mitad en garfios. Más tarde vino alguien a hacerle entender por qué le pasaba esto, pero ella no podía comprender nada porque su cerebro estaba seccionado en dos.
                          
Ese alguien se ensañó contra ella y volvió a picar cada mitad en dos, quedando la mujer dividida en cuatro cuartos de unidad, colgados cada uno en su afilado gancho. Por último le cerró los ojos y se fue, dejándola guindada en cuatro garfios sangrantes. No resistí ver más y regresé a la superficie donde todo es anormal.

Hoy, cuando me presentan algo fantástico e impresionante, lo pienso dos veces antes de acceder y voy con cautela. Me torné incrédula. Todo tiene un precio y algunas veces no nos conviene pagarlo.
Esto lo escribí hace unos diez años; fue premonitorio y nunca quise ceerlo pero la realidad me ha obligado a verlo.